La segunda mitad del siglo diecinueve marca la tercera oleada de guerras carlistas. Entre los muchos entramados defensivos levantados por entonces en el norte de la península, destaca el fortín que rodea al castillo de Corbanera, cerca de Santander.
Su soberbia planta circular (cincuenta metros de diámetro) silueteada por un muro de un metro de espesor le ha valido a este emplazamiento un reconocimiento especial por parte de las autoridades. El Gobierno de Cantabria ha declarado al castillo de Corbanera Bien de Interés Cultural, con la categoría de monumento, refrendando así el valor histórico y arquitectónico que posee esta fortificación militar.
El entorno medieval aún hoy traslada a otros tiempos, gracias a su sobria muralla almenada dispuesta con aspilleras para fusiles, a sus cuatro torres semicirculares que anuncian los puntos cardinales y a la gran torre central, antiguamente polvorín y cuartel de guarnición.
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