En el norte de Europa, lejos de las grandes concentraciones, descansa junto al mar Oslo, la capital de Noruega. Además de una localidad obviamente bella, esta ciudad representa con fervor los principios de vida sostenibles. Tal es su compromiso que hay un proyecto en marcha que convertirá en combustible las heces de sus habitantes, con el fin de reducir drásticamente las emisiones de CO2.
Dos plantas estructurales transformarán el biometano de las deposiciones en combustible para vehículos, siguiendo los pasos de algunos pioneros que han desarrollado planes similares en California. La contribución ciudadana será absolutamente anónima y, durante el tratamiento químico, quedarán disipados los malos olores. Casi un centenar de autobuses iniciará las pruebas con expectativas de inminentes ampliaciones.
Las autoridades de la capital noruega siguen promoviendo iniciativas que coarte el uso de vehículos privados. En los últimos años, han ampliado las redes de metro y tranvía, a la vez que se han reducido los precios de sus abonos. Mientras, mantienen los peajes a los coches que circulen por el centro de Oslo. Para sostener estas medidas, es necesario un plan urbanístico coherente e inflexible. Así, la normativa municipal no permite construir en el gran anillo verde que rodea la ciudad ni en zonas a las que no llegue el transporte público. Un directo contra la especulación.
Más información en: www.sostenible.org

